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¿CÓMO RENOVAR EL TRABAJO TERAPÉUTICO Y EDUCATIVO EN CUARENTENA?

Queridos colegas,

En esta etapa histórica de aislamiento social obligatorio que estamos viviendo como medida de prevención ante el avance de la pandemia, los profesionales de la salud y la educación que trabajamos con niños de diferentes edades y condiciones, nos enfrentamos a la incertidumbre y el desconcierto de cómo encarar y proyectar nuestro trabajo en un contexto que nos interroga y espera respuestas.              

Lo virtual es ahora una oportunidad que nos invita a intentar renovadas formas de encuentros con el otro

 

Para mantener los vínculos establecidos o para iniciar algunos nuevos. Este intento de transformación de lo presencial a lo virtual requiere de una actitud de responsabilidad que promueve constantemente la búsqueda de la validación y el logro de la credibilidad. Se abren nuevos debates sobre cómo incide esta nueva  propuesta en el niño como sujeto, en una etapa de su vida que está construyendo las premisas de partida para comprender las formas de entendimiento social.          

Hace unos meses un niño de 6 años me comentó muy entusiasmado que quería encontrar una novia para casarse y tener hijos. Entonces le pregunté:

“¿Cómo pensás encontrar una novia?” Él caminó hacia la computadora y escribió en el buscador de Google “Cómo tener novia”. Casi en forma inmediata aparecieron en la pantalla muchas fotos con imágenes de mujeres. Las observó de reojo y me dijo: “Yo quiero una novia como Sofía.” En ese momento me pregunté por qué abandonó tan rápidamente la pantalla y no intentó otras búsquedas. ¿Se podría pensar que la realidad virtual lo privó de experimentar las vivencias afectivas que siente durante el encuentro presencial que promueve ligazones amorosos con los otros?   

      

Desde el momento en que se inicia la cuarentena yo comencé a atender a mis pacientes a través de Skype, al tiempo las escuelas habilitaron nuevos espacios para estar en contacto con sus alumnos. Es ahí cuando escucho comentarios referidos a que a los niños más pequeños les cuesta sostener los encuentros virtuales con sus compañeros del colegio, amigos o familiares. Confieso que yo misma experimenté cómo frente a cualquier contingencia ellos, con solo apretar el botón de desconectar, me hacían desaparecer volviéndome invisible a sus ojos o en todo caso invisibilizándose ellos mismos; volatilizando ese momento de intimidad. Como si estuvieran introduciendo la liviandad en las relaciones con los otros y tuvieran la necesidad de distanciarse. 

Pero, ¿por qué? ¿Por el peso del aburrimiento? ¿Porque a su edad los tiempos de atención son breves? ¿Porque se pierden en sus propios derroteros buscando encontrar cómo habitar esa nueva manera de comunicarse? ¿Porque los docentes no aplican buenas técnicas didácticas?  

Como contrapunto de esos escenarios los escucho decir:

 

“¿Cuándo voy a tu consultorio?”, “Quiero ir jugar a la casa de un amigo”, “¿Cuándo puedo ir a merendar con los abuelos, comer con los tíos?”, “¿Cuándo voy a volver al colegio?” Y los niños que por su edad o condición no pueden hablar, me hicieron conocer sus congojas llenando el silencio de palabras con acciones: preparan la mochila del colegio, se ponen las zapatillas y toman la mano de los padres arrastrándolos hacia la puerta; prenden el celular y marcan el número de los abuelos o de un compañero del jardín. Como si esa llamada los liberara del peso del encierro que les fue impuesto. 

Entonces, entiendo que los niños abandonan la pantalla porque los otros no solamente alimentan sus ansias de aprender, nutrirse o comunicarse con una variedad de estímulos atractivos. La cuestión es que, junto a las enseñanzas, también reciben el deseo de verlos crecer con determinados valores. Junto a los estímulos, el amor; junto a los intercambios, valoraciones y sentimientos. Además, resulta fundamental que esas formas de reconocimiento son percibidas por los niños través de ciertas sutilezas que son patrimonio de la comunicación, sea cual fuere la manifestación: un gesto, una mirada, un abrazo. Atributos difíciles de percibir a través del espacio virtual.              

En este sentido, podemos pensar que los niños se constituyen como sujetos y aprenden no sólo por la cantidad de estímulos que reciben, sino que lo hacen  a partir de los enlaces afectivos  que invisten de significación al otro durante las interacciones. Entonces, los podemos convocar a cantar, jugar, resolver acertijos, escuchar cuentos, resolver actividades, pero si ellos no perciben a través de la pantalla un encuentro amoroso con el otro, condición misma de nuestra existencia, no sólo material sino subjetiva, esos estímulos no les representan lo que esperan recibir del otro y los abandonan. En los más chiquitos hasta podemos pensar que se angustian al ver la imagen de la persona con la que desean estar, pero sin aquellos atributos de lo humano que los hacen sentir bien.                      

Es indudable que de acuerdo al momento constitutivo y estructurante de la subjetividad que cada niño esté atravesando, el espacio virtual en algunas ocasiones no los provee de todas las señales que esperan percibir de los otros, es decir no les permite el reencuentro con lo que extrañan.       

La comunicación virtual inaugura nuevas formas de simbolización

 

De todos modos, dada la relevancia de los encuentros virtuales con mis pacientes junto con los comentarios de colegas y docentes con los que tuve posibilidad de intercambiar experiencias, entiendo que la comunicación virtual generada bajo determinadas condiciones, inaugura nuevas formas de simbolización que constituyen el entramado de base de un espacio subjetivante, en estos tiempos de tanta incertidumbre por el futuro.

Estar allí presentes, produciendo momentos de escucha, disfrute, acompañamiento y aprendizaje, les garantiza a los niños reaseguros narcisistas de su propia existencia y una continuidad que por momentos temen haber perdido. Porque mientras estamos cerca también les garantizamos temporalmente la ilusión que vamos a volver a encontrarnos.

Nos quedamos en casa, nos cuidamos y como les dije en la carta anterior, nuestro pensamiento no está en cuarentena, los invito a seguir construyendo junto a los niños las condiciones que les permitan nuevas maneras de recuperar sus sueños

Los saludo con un fuerte abrazo virtual.